viernes, 3 de septiembre de 2010

Agonía


Qué me costaba llorar si ya tenía los brazos y las piernas inmóviles, totalmente lastimadas, tal vez no llorar por todo el dolor físico que ya había sufrido a lo largo del día, sino por ese vacío en mi alma que sentía por la falta de su contacto. Cuanto la había amado, cuantas veces me había entregado por completo a su ser, dónde hubiera podido definir amor sino solo como instrumento de su ser, cómo lo hubiera entendido. Que inútil me siento al no poder llegar a su lado.
Yo no soy el que llora, es ella la que lo hace; eres tú que con tu cabellera sucia y con tus manos llenas de lodo intentas calmar mi dolor, y que a pesar de la fuerte lluvia, sigues alzando tu mirada hacia mis ojos, compartiendo no solo la esperanza de volvernos a ver sino también el miedo de que la muerte sea la fiel destructora de todo amor inconcluso. Pero no te preocupes, quién más que yo para entender que esto no es un adiós, quién más que yo para decirte sin temor que nuestro amor no es efímero, nos amaremos por siempre, la infinidad de los días serán solo el comienzo y la vida eterna un destello pequeño de la luz segadora de nuestra existencia juntos.
Tú corpiño entre abierto me hace recordar la suavidad de sus senos y el calor que provocaban en mi rostro cuando me acurrucaba en el. Y aunque siempre decías que mi barba te provocaba un cosquilleo molestoso, yo sabía que provocaba en ti mucho más que eso. Mi compañera de siempre, mi amante fugaz y duradera.
Yo no fui tu primer amor, yo no fui tu primer beso, ni tampoco el mejor; yo no toqué por primera vez tus muslos, ni levanté tu túnica a la altura del deseo, yo no fui nada de eso. Porque solo fui el primero al que deseaste no por parvedad sino por pasión, porque solo fui el primero que te beso con suavidad, con el afán de dar y recibir, sin tener saldos, sin saber si habrá un después, nuestro es el ahora, nuestro y de nadie más.
Qué difícil es ver ahora tus grandes ojos negros llenos de lágrimas postrados a tierra, alimentando más el lodazal que provoca este temporal frío que pregona mi partir. Esos ojos negros que recuerdo bien me miraban fijamente y extasiados mientras mis manos buscaban tu monte preciado. Porqué debo sentir esto, porqué es tan grande el dolor sobre mi pecho; el dolor de mis heridas es más apacible que el sufrimiento de verte llorar. Que ganas tengo de renunciar, de consolarte y decirte a los ojos y mientras acaricie tu cabello, que nada pasó, que solo fue una pesadilla, que me quedaré a tu lado y que no partiré jamás.
Que ganas que tengo de besar tus manos, ellas no merecen la suciedad que del suelo toman, el hambre y la necesidad pudieron obligarlas a tocar cientos de veces cuerpos ásperos pero nunca dejaron de ser dóciles y blandas. Fueron sus manos las que limpiaron la soledad de mi cuerpo, las que limitaron mis fronteras y borraron mis miedos sin remordimientos. Porqué ahora tienen que estar tan lejos de mí, porqué en este preciso momento no se elevan y sanan de una vez mis heridas, por qué ÉL no te dio alas si eres más ángel que cualquiera que se encuentre en el cielo.
De ti hablará la historia, te describirán rubia, pelirroja y morena; tus ojos serán del color del mar, de la noche y de tranquilas praderas; tu cuerpo será venerado por unos y por muchos otros maldecido y malinterpretado. Pero solo seré YO quien tuvo la gracia de saber y descubrir con las yemas de mis dedos cada rasgo, cada límite, cada molde y sentimiento que fueron tuyos y los compartiste conmigo. Pestañas rizadas y cintura perfecta, cómo quisiera retroceder el tiempo a aquellos momentos cuando venciendo toda clase de apetito podías bañarme y secarme por completo, cómo retroceder el tiempo a aquellos días cuando tus ojos me veían desnudo mientras me levantaba de la cama a beber un vaso de vino, cómo regresar el tiempo a aquellas batallas que libraban dos cuerpos y el amor. Cómo regresar a aquellas noches que mientras la luna te rodeaba entera, yo te miraba enredada entre sábanas llenas de amarillentas manchas y sudor. Cómo besar ahora aquellas manos, cómo olvidar que se mezclaban con mis cabellos y mis fluidos mientras me hacías el amor.
No mojes más tu boca, no lo hagas más, junta tus labios que ni la lluvia del cielo merece de alguna manera rozar el filo rojizo y voluminoso de la fuente de tus deseos. Más bien huye de aquí, que no quiero que nuestro último beso sea este, que no quiero que la última vez que me veas sea hoy. Quiero con más deseo recodar aquella noche que luego de la cena, a la luz de las estrellas bese hasta el más mínimo rasgo de tu piel y la más grande forma de tu apetito.
No intentes forzar tu voz, ya no puedo escuchar nada, este bendito líquido rojo que sale de las llagas de mi frente y cabeza taponó ya mis oídos. No fuerces más tu voz porque entiendo todo lo que me dices sin tener que escucharte, no necesito mis oídos para entenderte, porque sé que lo hiciste desde el primer momento en que te vi y siempre lo demostraste con todo tu ser. Yo también te ame, desde la primera vez, sabía que había más que un simple encuentro aunque todo el mundo lo iba a interpretar mal. Como no amar a quien lo dejó todo para ir detrás de mí, incluso seguirme hasta aquí, arriesgando su vida para verme partir, para verme sufrir. Hoy entiendo que no solo me amas por lo que hice o por lo que puedo hacer por ti, sino por lo que realmente soy, un hombre de carne y hueso que siente dolor como cualquier otro y que siente amor y pasión dentro de las venas como cualquier rey o pordiosero, como cualquier hijo o padre.
Si pudiera ser lo que sueño, sería otro nuestro destino, solo seríamos dos y nadie más.
Nadie puede negar que te ame y que diera mi vida por ti, que detrás de mi propio yo, es a ti a quien pueden encontrar. Nadie podrá negar que te amaré por el resto de mi existencia y si lo hacen solo lo harán los mentirosos que no aman o se limitan a amar, el amor es mucho más que sus simples ideas o sus simples interpretaciones.
El amor eres tú, que ahora lloras desconsoladamente en mis pies impidiéndome partir, impidiéndome dejarte y dejar atrás todo lo que debo dejar. Desde que te conocí no quise abandonarte, porque desde hacerlo aprendí a dudar y a entender que no todo lo que hago es lo correcto. Tú eres mi verdadero albedrío, mi verdadera jueza y creadora de mi voluntad.
Ven a mí y fúndete una vez más en uno de nuestros besos, acaríciame y consuélame en tu cuerpo desnudo, y no llores más que la muerte es tan parte de la vida como tus lágrimas de mi dolor.
Magdalenaaaaa…. mi María, solo puedo gritar tu nombre pero no puedo llorar, por favor ya no derrames más aquellas tus dulces lágrimas que alguna vez bañaron de perfume mis pies, deja de llorar porque nadie nunca merece llamarte puta, porque eres santa para él que naciones enteras llamarán sagrado.
Acaríciame el pecho con tus dedos de cristal y hunde ya tus uñas dentro de mi libido, que no quiero esperar más al triste tiempo cuenta gotas que solo me deja la impaciencia de hacerte mía. Bésame y mezclemos nuestros fluidos como si fueran uno solo; acaricia mis piernas y rodéalas de esa tu suave piel de marfil, para que al fin ya no me llames tu salvador ni tu salvación porque ya sea en esta tú habitación o en este instante solo eres tú quien tiene la fuerza para levantar almas del cementerio y matar con la furia de tus muslos abiertos a cualquier hombre sobre la tierra. Revuélvete el cabello y haz sobre mí lo que tu pasión desee, soy solo un utensilio de tu creación.

Para Caro L. Que gracia a su temperamento y hermosura inspiró mis letras que ya parecían morir.

03-10-10

viernes, 30 de abril de 2010

7716

Al compañero le sacaron el apéndice, le dejaron el glosario y no le tocaron ni lo más mínimo el esternón, apenas le movieron el bazo y no le cambiaron su visión. Él puede vivir sin adjuntos pero no puede vivir sin introducción, mucho menos sin prólogo y sin una adicción.
Tiene 5 capítulos su vida, 7716 hojas con pie de página pasando 10; solo le quitaron 8 para que podamos escribir en las siguientes 27000.
Las llenaremos de versos, películas y frases de quienes alguna vez también pasaron por la misma situación, le borraremos el parkor y hasta un poco de hip-hop, para que deje de hacer sonidos con las manos y mejor cree una canción.
No le eliminaremos sus principios porque están en el encabezado de de cada hoja, tampoco le quitaremos la pasta ni le cambiaremos de color; a penas le quitaremos las ganas de bailar al compas de una melodía de break dance y las ganas de reírse por el mal chiste de algún impertinente, con boina del che Guevara.
A cambio escribiremos de él en nuestras propias páginas, no como un adjunto, ni como un anexo; numeramos sus vaciles, pondremos viñetas en sus logros y colores de gorras que ha usado y le daremos un capítulo titulado el amputado, el renacido, el sobreviviente cantor.
Al caballero no le sacaron el marco teórico, ni los objetivos, ni las conclusiones, mucho menos el corazón; le sacaron lo que en él estaba de menos, le extirparon lo que en él estaba de más, para que nosotros le peguemos con scoth lo que es ni más ni menos pero que tarde o temprano le llevará a ser de los demás, uno de nosotros uno de resto.
Y a pesar de no tocarle su marco teórico, tendrá que cambiar sus conclusiones o al menos añadirles algo más de lo que tiene ahora, porque a pesar que no le extrajeron su mente ni su corazón , si le amputaron el apéndice y su tradición.

Dedicado a el caballero de la "gorra" oxidada.

martes, 2 de marzo de 2010

Yo


Realmente estaba agitado, ya eran varios los días que no podía dormir. Sabía que él iba a volver y a pesar de que ya estaba acostumbrado a tenerlo cerca de mí, hoy no quería que regrese. No quería verlo, no quería que atraviese la puerta de mi cuarto y me obligué volverme como él, eso nunca.
Él vive un mundo muy diferente al mío y no quiere aceptar que soy feliz con lo que hago. Miles de veces me despertaba a media noche para obligarme hacer lo que él quería, me tenía ahogado entre obligaciones y deberes, me volvió débil, me convirtió en un artículo más de su inventario.
Estaba desesperado –él viene por mí- me repetía cientos de veces mientras me acurrucaba en alguna esquina o me tomaba de la cabeza y caminaba sin rumbo alguno. Estaba volcado en la locura, contaba los días, las horas, los minutos, los interminables segundos, ¿Cuándo él vendría?
Solo fue cuando sentí su respiración en mi nuca que supe que había llegado. Mi cuerpo se congeló, tenía tanto miedo. Me tomó del brazo y me volteó para mirarme fijamente, quería matarme, se cubrió la cara con sus manos y con gestos de irá empezó a gritar sin sentido.
¿Qué demonios te pasa? - me dijo- piensas botar a la basura toda tu vida, todo por una simple novela que nunca acabarás de escribir, o mejor dicho, que ni siquiera la has empezado, cuando entenderás que las letras no te llevarán a ningún lado, no eres un escritor, se nace no se hace. Solo escribes como cualquier otro podría hacerlo.
Tú no entiendes-le dije-
¿Crees que no entiendo lo que sucede? pasas horas y horas escribiendo pendejadas en tu cuaderno, incluso hasta la madrugada y nunca tomas un libro de lo que realmente debes estudiar, acaso ese no es un problema y si no lo es ¿cuál es entonces?
Realmente no tenía respuesta, eran tantas las veces que me consumía en escribir, en pensar que lo podía hacerlo mejor, había dejado algunas cosas atrás para dedicarme a esto. Quizás esto de ser un soñador no es lo correcto pero lo quería intentarlo. Mis manos estaban temblando y repletas de sudor, cada vez que me veía me provocaba esta sensación. El fracaso.
Él esperaba una respuesta así que me arme con lo poco que me quedaba de dignidad para decirle en voz baja.
Mis sueños
Mis ¿qué? – me dijo-
Es su rostro pude notar que no entendía el significado de esa palabra, creo incluso que nunca la había utilizado en alguna de sus oraciones. Me repudia tanto su rostro, por qué la gente vive tan lejos de sus sueños y tan cerca de la realidad. ¿Es tan difícil arriesgarse sin que te importe lo que pueda pasar? Así que le dije acentuando mi voz en cada frase en lo que para él no tenía eco.
Y que se supone que son sueños para ti – me dijo- conmoverte con los problemas de otros, escribir textos que de nada te servirán en la vida, que de nada servirán a los demás, eso es no ser útil entiende de una vez. Olvídate de todo esto de escribir, bota todos esos libros a la basura, deja la escritura para los desocupados para los que no tienen ni idea de que la gente no se alimenta de letras sino de pan. Acaso eres un idiota, tienes una roca en la cabeza, Reacciona el mundo no está en tus libros, está de la ventana para afuera.
Mis ojos se tornaban rojos, tenía razón en muchas cosas. Y mientras continuaba con su discurso yo no podía alzar el rostro para verlo fijamente a los ojos, no tenía como defenderme, de ambos yo siempre fui el más débil. A él no le gusta que llore no podía ser sensible ni siquiera cariñoso.
Se acercó al librero y sin pensarlo dos veces botó todo al suelo, recuerdo que en sus manos se encontraba una obra de Peter Handke, La tarde de un escritor, que lejos de esa realidad me sentía en ese momento. Se alteró a tal grado cuando se la arrebaté de las manos, que levantó su mano y me dio una bofetada –ya basta- me dijo mientras yo podía sentir como su saliva llegaba sobre mi rostro volteado por el golpe. Abracé el libro y me agaché hasta llegar al piso, no sabía cuál golpe fue más fuerte, la bofetada o la duda que sentía en mi sobre si realmente hacía lo correcto.
Levántate – me gritó – quiero que me veas a los ojos y me respondas algo.
Me tomó de la camisa y de un impulso me levantó del suelo, me puso tan cerca de él que podía sentir como su corazón bombeaba sangre más rápido de lo normal. No me dejaba respirar con facilidad, estaba unos centímetros sobre el suelo, él siempre fue más alto.
Cuáles son tus sueñitos- me dijo, con una voz que cuando avanzaba se distorsionaba para burlarse.
- dime – gritó varias veces.
Nunca había sentido algo así, mis fuerzas se esfumaban y la luz se empezaba a opacar, sentía una especie de costillas en mi brazo derecho cuando él me tambaleaba, me dolía la cabeza y cientos de recuerdos empezaron a llenar en pocos segundos lo que creía era vestigios de mis pensamientos. Me pesaba el cuerpo, no sabía de donde él sacaba tantas fuerzas para mantenerme en el aire tanto tiempo sin ni siquiera agotarse un poco. No podía morir así, esa no era la muerte extraordinaria que estaba esperando.
Me arrojó sobre la cama casi inconsciente, la desesperación de salir de ese cuarto y encontrarme en cualquier otro lugar que no sea ese crecía como mis temores más grandes, y la proporción se mantenía. No encontraba ni siquiera la salida, mi mirada era desorbitada y el cuarto parecía expandirse dejándome como un simple insecto ante su inmensidad. No podía inhalar, lo único que escuchaba era un sonido ronco producido desde mi pecho y parte de mi garganta.
Responde – me dijo- ¿Cuáles son esos sueñitos que tienes? Respóndeme.
Yo supe que me encontraba bien cuando empecé a llorar, y entre mis sollozos e intentos de poder respirar mejor le dije.
No lo sé – empecé a toser- mis sueños son muchos, quiero lograr muchas cosas, incluso lo que tu quieres para mi, cosas que incluso nadie ha logrado nunca hacer, estoy dispuesto a lograrlas todas, sé que puedo. Escribir es uno de mis sueños, tal vez el más grande y más difícil, es el que me va acompañar a conseguir a todos los demás, incluso me va a ayudar. Me hace sentir libre. con el puedo escapar de esta realidad y dar un final correcto a cada cosa que pasa, no todos ven la vida tal y como es, tengo derecho a escoger la forma, tengo derecho a hacerlo.
Mi llanto se parecía al llanto de un niño extraviado y solo, mi voz se empezó a quebrar entre frase y frase. Y tal como imaginé algún día o alguna noche entre un sueño y mi verdad, no me podía controlar.
Se volteó, tomo todo lo que había escrito, cada hoja de cuaderno, cada libreta y empezó a romperlos. Cientos de papelitos terminaban en el suelo. Mis sentimientos estaban regados por todos lados, la forma se había convertido en un rompecabezas.
Claro que tienes derecho a escoger,- me dijo- a lo que no tienes derecho es a decidir por mi.
Cuando salía azotando la puerta se aseguró que escupir sobre todo lo que estaba en el suelo. Yo estaba acurrucado con las manos en el rostro. Tenía miedo, no tenía salida. Solo cuando pude tranquilizarme y quitarme las manos del rostro pude darme cuenta que estaba al frente de un espejo.
Entre la genialidad, la locura y la nada hay solo un paso.

sábado, 27 de febrero de 2010

Divangando en la nada

11:34 PM
Cuando no sé cómo empezar a escribir, simplemente escribo lo que sé y que no sirve para nada. A quien le importa conocer cada parte de mi vida, a quien le importa lo que simplemente no existe. Puedo viajar en los pensamientos o divulgar lo que no puedo leer bien en los libros. ¿A quién? a que me lleva todo esto. Y aún así creo que lo importante es escribir, describir con claridad y sin titubeos, que todo el mundo entienda; distraer es el objetivo de un escritor más no cambiar la vida, describir, argumentar, inventar lo que la realidad impuesta nos obliga a soñar.

En estos pensamientos que se descubre el amor, a distintas cosas inclusive a la propia vida, amor a aferrase a lo que no existe, a lo que se quiere imaginar. Amor al silencio, a unos ojos cálidos que levitan en la oscuridad.
Para mí el amor a escribir, aunque este amor sea diferente al resto, como el amor que tiene un libro a su lector o un mosquito a la sangre, vivir entre una cosa y la otra.

Pero cuando escribo necesito que alguien me lea, que sienta lo que yo cuando describo lo inexistente, lo aburrido, lo cómico, lo bonito y lo feo y que le guste; un escritor hace lo que hace para entretener o entretenerse y algunas veces para llenar su corazón. Y de ahí se discute la importancia que este tiene, si ya no se escribieran libros ya no podríamos huir de la realidad, la humanidad se estancaría y ya la muerte sería la triunfadora, sería como si el sol se negara a salir y la luna a irse.

Y que hay más hermoso que escribir sobre el amor, solo un enamorado puede hacerlo, nadie más, y es más solo un enamorado puede escribir y describir con claridad lo que cada parte del cuerpo siente cuando se duerme sobre el cuerpo que despide calor y olor a vida.

Ya sé, la vida es el secreto, y solo lo entiendo cuando los pensamientos no huyen de mi mano, deberíamos tener transcriptores del pensamiento para todos amar, sentir, inventar y ser escritores.

¿Pero de que escribir? La noche no huye y la luna si se quiere ir, la piel no huye y el valle del corazón de una mujer solo desemboca en pasión o en amor. Acaso encuentro diferencia entre amar, revolución y escribir.Entre tus manos vacías cuando están llenas.

Puedo quedarme sentado todo el día escribiendo y no lograr nada, quiero que me lean y nada interesante escribo, se puede besar bien y nada interesante escribo, quién tiene el elixir de la escritura, del ímpetu implacable, de las letras del olvido. Quién puede alzar la mirada al cielo y sin esfuerzo ver en cada estrella una letra, quien puede ver poesía y no lujuria cuando una mujer se acaricia un seno, o cuando se ríe sentir alegría y no celos, quién puede sentir amor cuando entre sus brazos se olvida del mundo, es realidad o es mentira lo que siente el corazón. Es verdad o que se siente cuando estoy entre sus brazos o es la más terrible mentira.

Un escritor no debe tener miedo de decir te amo, debe tener miedo de perder el miedo, de mirar y no “ver”, que algún día levantarse y no amar. A quien dejará las lágrimas el escritor que no mira la verdad cuando el corazón es capaz de ver mucho más allá y hacer locuras, hacer de un carajo lo que en la mierda se encuentre.

Cuando la noche consume lo que la mirada no quiere ver, es más fácil encontrar las palabras correctas, palabras que ya no serán propias el día siguiente.

Para que escribir entonces, si por miedo a escribir el escritor no entiende su libro o mejor dicho al revés. Escribir con sinceridad, escribir así elimina todo miedo a ser leído. Que ganas que tengo de escribir para que el mundo me vea aunque yo no puedas verlos, simplemente escribir, amor, odio, secretos, lo que sea pero sin miedo, el amor te debe guiar al olvido, la reencarnación es el olvido.

NO QUIERO QUE MI VIDA SEA UN DESPERDICIO DE LETRAS Y DE PAPEL.

31/12/08